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Apologética
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574 días
Juan's Respuesta
Se transcriben a continación algunos extractos del capítulo IX de la obra "Teología para todos" de Frank J. Seed, referidos al purgatorio:
El alma que ama a Dios también va al sitio que le corresponde; este sitio es la presencia de Dios. En el momento de la muerte puede ocurrir que el alma, aunque el amor a Dios sea su elemento fundamental, puede haber en ella sombras, zonas sin vida que impidan esa plenitud del amor; puede haber cosas pequeñas, sin demasiada importancia, que no estén de acuerdo con la voluntad de Dios. Junto a los deseos de elevarse, quizá haya todavía un cierto apegamiento a uno mismo, que, sin ser demasiado grave, es un desamor, un defecto en la pureza del amor.
Es verdad que nada hay en nosotros que pueda ser purificado si no lo purifica el sacrificio de Cristo en el Calvario. No obstante, los hombres podemos impedir, total o parcialmente, esa purificación. Debemos poner algo de nuestra parte, para que se realice la purificación que sólo la sangre de Cristo puede alcanzarnos. Aquí es donde el Purgatorio juega su papel: ha quedado suficientemente clara la verdad evidente de que el Purgatorio no es capaz de hacer lo que sólo la sangre de Cristo hace; lo único que hace el Purgatorio es apartar los obstáculos que hemos puesto al poder purificador de la sangre del Señor.
¿Cómo se quitan los defectos de nuestra naturaleza en el Purgatorio? Actuando sobre ellos de la forma más directa posible: el sufrimiento. Ya hemos contemplado dos veces con anterioridad lo que podríamos llamar conexión orgánica entre la aceptación del sufrimiento y la purificación; esta última no es como la venganza de un Juez irritado, sino las medicinas que nos manda un médico que nos conoce perfectamente. Lo mismo ocurre en el Purgatorio. Aunque no nos haya sido revelada la naturaleza del sufrimiento que en él se padece, hay dos elementos que resultan bastante evidentes: el primero es la consciencia que el alma alcanza de la maldad del pecado venial, con una clarividencia muy superior a la que haya podido tener durante su vida, y, más aún, de aquellos pecados mortales de los que no se hubiese arrepentido suficientemente; el segundo es un deseo ardiente de ver a Dios, como no lo tuvo antes de la muerte.
Como ya hemos visto, la aceptación del sufrimiento es el proceso inverso al del pecado, ya que éste consiste en la elección de la propia voluntad en contra de la de Dios. La aceptación rendida de la voluntad de Dios, cueste lo que cueste, por el contrario, lleva consigo la purificación.
Una última observación que vale la pena mencionar: la Iglesia nos enseña que la purificación de las almas del Purgatorio puede acelerarse y, en consecuencia, también su llegada al Cielo, por las oraciones de los que estamos en la tierra. Los católicos han encontrado siempre un gozo especial en rezar por sus muertos, aunque sólo sea por el hecho de saber que aún hay algo que todavía pueden hacer por las personas a las que amaron en la tierra.
Cuando el amor a uno mismo ha desaparecido por completo, en el momento de la muerte o después de haber sufrido en el Purgatorio, el alma vuela hacia Dios, hacia esa unión total para la que Dios creó a todos los hombres.
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572 días |
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